Hoy regresé
al trabajo (de forma consciente) dado que la semana pasada la actividad fue
casi nula y decidí trabajar en casa. Por cierto el libro de las almas de Glenn
Cooper está de…ah, sí, trabajé en casa. El caso es que iba yo felicilla por los
pasillos buscando a quién jorobarle la mañana y ¡oh sorpresa! Invasión de
rubias. Las había de todos tipos: las Celia Cruz, las Tesorito, las “Britni” y
el rubio a lo Shakira que ni a la cantante le sienta bien, en fin un desfile de
compañeras de trabajo que parecía más un sembradío de elotes. Salvo a una
señora que recién paso de una enfermedad de esas que te dejan como placa de tráiler
a la cual el rubio le sentaba de maravilla a su tez todavía grisácea por efecto
del tratamiento remanente todas las demás se veían francamente ridículas.
Un cambio
de imagen es bueno, sobre todo si tienes tus añitos: las canas, las primeras
arrugas, la pérdida de lozanía del cutis, etc. Pero vamos, eso a convertirte en
güera a huevo creo que es de lo más patético. Más aun cuando no se cuida el tinte,
que forzosamente requiere de tratamientos si no quieres que tu cabello acabé
como borra de colchón de basurero por tanto peróxido. “Pior” si tienes
pelambrerío de escobeta y para colmo te haces unos peinados que bueno… yo sí
quería darles una moneda, no sé.
Lo güero no
te hace más buena, no te hace aparentar que tienes más lana, ni te da estatus,
es simplemente un tono de cabello. Hay que llevar el rubio con elegancia. Hay que
llevar los tonos claros del cabello hasta un punto en que no desarmonice (si eres más morena que blanca) y si de plano
decidiste ser rubia, haz el puto favor de maquillarte acorde a tu nuevo color
de cabello y cuidarlo.
Rubias las
alemanas, las suecas, las danesas. Nosotras las mexicanas tenemos un morenito
tan seductorssss que digo: ¿para que chingados amolarnos la genética con peróxido?
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